Publicado el 28/06/2025 por Administrador
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Bangkok fue escenario este sábado de una de las mayores manifestaciones políticas en los últimos años, cuando miles de tailandeses salieron a las calles para pedir la dimisión de la primera ministra Paetongtarn Shinawatra. La protesta, convocada por movimientos conservadores y grupos nacionalistas, surgió tras la filtración de una llamada telefónica en la que la mandataria se refería en términos controversiales al expresidente camboyano Hun Sen y criticaba a altos mandos del ejército tailandés.
La manifestación se desarrolló en el emblemático Monumento a la Victoria, en el centro de la capital. Bajo una lluvia monzónica que no desanimó a los presentes, se estima que entre 17.000 y 20.000 personas se congregaron con banderas, pancartas y consignas que exigían la salida inmediata de la primera ministra. “Ung Ing, fuera”, coreaban los asistentes, usando el apodo popular de Paetongtarn, hija del ex primer ministro Thaksin Shinawatra.
El origen del escándalo político fue la filtración de una conversación telefónica ocurrida el 15 de junio entre Paetongtarn y Hun Sen, en la que la líder tailandesa se refería a él como “tío” y cuestionaba la actuación de un comandante militar tailandés. La grabación, difundida tres días después, provocó indignación en sectores conservadores y militares, que interpretaron sus palabras como una muestra de debilidad y subordinación frente al país vecino.
Las repercusiones no tardaron en llegar. El partido Bhumjaithai, clave en la coalición de gobierno, anunció su salida del bloque parlamentario oficialista, lo que dejó a Paetongtarn con una mayoría tambaleante. Al mismo tiempo, la Comisión Nacional Anticorrupción abrió una investigación por presunta violación al código ético de los funcionarios públicos, mientras el Tribunal Constitucional evalúa si hay méritos para suspender temporalmente a la primera ministra.
A nivel internacional, el episodio también ha tensado las relaciones bilaterales entre Tailandia y Camboya. El propio Hun Sen, ahora en funciones honorarias, respondió con dureza a las críticas tailandesas, especialmente tras un enfrentamiento fronterizo ocurrido a fines de mayo que dejó un soldado camboyano muerto.
Esta es la primera gran crisis que enfrenta Paetongtarn desde que asumió el poder en agosto de 2024. Su llegada fue celebrada por sectores progresistas y seguidores del legado Shinawatra, pero ahora enfrenta un clima político cada vez más enrarecido. Los paralelismos con sus familiares —Thaksin derrocado en 2006 y Yingluck en 2014— son inevitables y preocupan a sus aliados.
En lo económico, el nerviosismo también se ha hecho sentir. La Bolsa de Bangkok cayó tras el estallido del escándalo y algunos inversionistas advierten que la inestabilidad política podría impactar negativamente en la confianza del mercado y en las inversiones extranjeras.
La primera ministra ha pedido disculpas públicas por la forma en que se expresó en la llamada, pero ha negado cualquier intención de renunciar. “Estoy dispuesta a responder ante la justicia y ante el Parlamento, pero no dejaré que una maniobra política destruya nuestro gobierno legítimo”, declaró el viernes por la noche.
Mientras tanto, las calles de Bangkok siguen agitadas, y el futuro político de Paetongtarn Shinawatra pende de un hilo. Tailandia vuelve a situarse en el centro de la atención regional, con un equilibrio de poder frágil y un pasado que amenaza con repetirse.